“Yo voy de luto porque se han muerto las frases subordinadas”

José Carlos Plaza

Valoraciones críticas

Cartas marruecas


José Cadalso es un escritor del siglo XVIII, que pertenece al movimiento de la Ilustración, aunque alguna de sus obras como las Noches lúgubres tienen ya un tono prerromántico.

Las Cartas marruecas  es un conjunto de noventa epístolas entre tres corresponsales: Gazel un marroquí que viaja por España y escribe sobre lo que observa a su maestro Ben - Beley, que sigue en África;  Nuño es un español de mediana edad, con quien Gazel ha trabado amistad. Es un ciudadano universal con el que Cadalso se identifica: es progresista y ama a su patria, es cristiano, honesto y tiene una visión desencantada del mundo y una falta de esperanza se corresponde con la de sus contemporáneos. Nuño sirve de guía a Gazel y le ayuda a comprender lo que observa. Los tres corresponsales actúan como remitentes y destinatarios. Mediante los dos extranjeros se ofrece una visión de España, realizada por alguien de fuera, no contaminado por prejuicios nacionalistas.

Con estas cartas Cadalso se propone hacer una "crítica de la nación", profundizar en la esencia de los problemas que han hecho que su patria sea, con sus propias palabras "el esqueleto de un gigante". La reflexión sobre el tema de España que él inicia, tendrá una continuación desde Larra, pasando por los Regeneracionistas y la Generación del 98, hasta los ensayistas actuales.

Es especialmente interesante la imagen de España como una casa grande, antes noble y sólida, que se ha ido desmoronando con el paso de los años, imagen que ya había utilizado Quevedo en algunos de sus sonetos para exponer la decadencia española.
Cadalso analiza las causas de esta decadencia de España y fija su atención en las largas y costosas guerras que libró España en épocas pasadas, en el atraso de la ciencia, y en la resistencia de ciertas capas sociales al trabajo manual y artesano.

Aunque Cadalso piensa que el atraso de España con Europa se puede superar, es curioso que se extienda mas en la exposición de los males del país que en recomendaciones para la mejora del mismo. También llama la atención que proponga para lograr el progreso bastaría con regresar a la época de Fernando el Católico.  Otro aspecto interesante es la comparación que se hace con el tratamiento que se da a las mujeres en la cultura musulmana y en la cristiana.

En resumen, aunque el interés de las cartas es muy variable de unas a otras, el conjunto es interesante por la visión que proporciona de cómo un español del siglo XVIII enjuicia la sociedad de su país.




El sí de las niñas

     La comedia neoclásica de Leandro Fernández de Moratín pretendía educar a los espectadores. Por ello sus obras son didácticas y moralizantes, criticando algunas normas sociales, comportamientos y costumbres que el escritor censuraba a través de una suave sátira, en un clima de libertad, buscando el progreso del nivel cultural y el refinamiento del gusto estético. Intenta conseguir la unión entre las ideas ilustradas de Europa y la tradición española.

    El sí de las niñas es el mejor ejemplo de este tipo de teatro, ya que plantea dos temas esenciales, como son la libertad de elegir pareja (crítica a los matrimonios de conveniencia) y la educación de la mujer (oposición al abuso de autoridad y a la opresión a que éstas se ven sometidas). El objetivo es plasmar la realidad que vive la sociedad burguesa del siglo XVIII.


  Como en todas sus obras, Moratín respeta las las normas clásicas de lugar: una posada de Alcalá de Henares; tiempo: desde las siete de la tarde hasta las cinco de la madrugada del día siguiente; y acción: Tres actos que se corresponden con el contenido (planteamiento de la situación, desarrollo y desenlace didáctico).

  Asimismo los personajes están muy caracterizados (pudiendo identificarse el público con ellos), pero se comportan con la mesura y una mente abierta al cambio propios del pensamiento racional de este siglo de luces. en este caso la joven doña Francisca es quien sufre en silencio la proposición matrimonial de don Diego (un hombre excesivamente mayor para la niña), que es aprobada por su madre, doña Irene.

  No obstante, y debido a la intención educativa de la comedia, finalmente triunfará la cordura, la razón y ante todo el sentimiento, permitiendo a Paquita elegir a su futuro esposo, aquel joven que estudia en la Academia Militar de Zaragoza, y que resulta ser sobrino de don Diego, don Carlos.

    El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín, es la obra que supone la culminación del teatro neoclásico del siglo XVIII. Siguiendo las normas clásicas pretende educar criticando algunas normas sociales, costumbres y comportamientos de la época, como los matrimonios de conveniencia económica o los realizados entre personas con gran diferencia de edad.

    A la vez, como dice el título de la obra,se presenta la educación de las mujeres, que son incapaces de rebelarse ante la sumisión que padecen, aunque con esta obediencia actúen contra sus sentimientos. Esta misma temática ya se encuentra en obras anteriores, como El viejo celoso de Cervantes, y en obras posteriores, como Tristana de Galdós o Juanita la larga de Juan Valera.

   Dado su carácter neoclásico, la obra se estructura siguiendo "la regla de las tres unidades", ciñéndose a un solo espacio (la posada de Alcalá de Henares), un tiempo real (un solo día) y una sola acción (el amor imposible entre Doña Francisca y Don Carlos). Aún siendo esta norma muy rígida, que limita las posibilidades de situar la trama en su contexto, tenemos información de hechos que ocurrieron con antelación gracias a los diálogos, en los que cada personaje, empleando un lenguaje acorde con su clase social, va desvelando detalles de la historia.

    La crítica social que realiza Moratín conduce a que el público burgués que contempla la representación haga su autocrítica y cambie de pensamiento y de actitud, aunque el desenlace es "suave", ya que el matrimonio sigue siendo con un hombre de elevado rango.

    Debido al lenguaje de estilo sencillo y ameno, y a la fluidez con que se desarrollan los hechos, la obra se sigue representando en la actualidad con notable éxito, aunque el tema ya no sea actual en nuestra sociedad, no así en otras culturas, donde aún los padres siguen acordando los matrimonios de sus hijos, generalmente sin contar con su consentimento.



El sí de las niñas
es una comedia de Leandro Fernández de Moratín, autor que se encuadra en el Neoclasicismo. La obra cuenta la historia de doña Paquita, una joven de 16 años obligada a casarse con don Diego, un rico caballero de 59 años. Doña Paquita está enamorada de un de un joven militar, sobrino de don Diego. El enamorado intentará impedir la boda pro don Diego ordena a su sobrino que regrese al regimiento. Éste renuncia al amor escribiendo una carta a su amada que intercepta don Diego. Don Diego decide renunciar a su matrimonio con la joven y posibilita la unión de los dos jóvenes.

Este triángulo amoroso permite al autor reflexionar sobre la presión que en la época sufrían las mujeres, obligadas a casarse por intereses y contra sus sentimientos. La obra tiene una intención didáctica y critica la autoridad que ejercen los padres sobre sus hijos respecto al matrimonio. Estilísticamente, podemos destacar que en los diálogos, Moratín no emplea excesivos recursos literarios. Son más subjetivos que objetivos y la finalidad didáctica y crítica pone de manifiesto claramente la opinión del autor sobre el tema, progresista para la época. Pese a la oposición de autor, hay que destacar que es don Diego el que deshace lo que parecía inevitable y que don Carlos y doña Paquita nunca se revelan contra los deseos de sus mayores: Moratín nunca fue un revolucionario, sino un reformista partidario de cambios mesurados. También se entrevé la cuestión del respeto a los mayores: don Carlos es un bravo guerrero que cede ante los deseos de su tío y doña Paquita hace enmudecer sus sentimientos. Doña Irene, la madre de doña Paquita, es la autoridad ridícula, representa a las costumbres que deben cambiarse.

Los personajes evolucionan a lo largo de la obra, cambiando de actitud y opinión. Los personajes de clase alta representan la tradición que hay que cambiar con la razón, mientras que los criados, en especial Simón, tienen pensamientos más adelantados. Por último, formalmente la obra cumple los principios de la ilustración: realismo (plantea una situación común en el siglo XVIII), verosimilitud, cumple las tres unidades. Moratín estaba tan preocupado por esta última cuestión que hasta indica su cumplimiento en una acotación inicial. 

La acción transcurre en solo unas horas, en una pequeña posada de Alcalá. El autor respeta así la regla de las tres unidades (acción, tiempo y lugar) que el Neoclásico (movimiento preocupado por las normas formales) recupera tras la ruptura con ellas que hicieron los autores del siglo de Oro. Posteriormente, los románticos volverán a desdeñar esta norma.

El estilo es impecable, fácil de entender,… aunque no muy coloquial en cuanto a vocabulario, si que emplea frases inacabadas, puntos suspensivos,… más característicos de la lengua oral que de la escrita.

A pesar de quedar lejos en el tiempo por temática y forma, el texto “engancha” y es fácil de leer. La mesura de los personajes recuerda a la de los de películas de cine antiguas ( Mujercitas, por ejemplo) y es difícil de trasladar a nuestros días, pero representa una problemática que se ha transformado: hoy en día sí que existen los matrimonios de conveniencia, por ejemplo, entre españoles que cobran a inmigrantes para poder conseguir sus papeles.



Luces de bohemia



    Luces de bohemia es una obra de Ramón María del Valle Inclán, escritor noventayochista  que cultivó en sus primeros trabajos el estilo modernista, para componer después sus mejores dramas dentro de la estética del esperpento.
   
   Supo crear una historia que traspasó la barrera del tiempo, adaptándose a cualquier época, y permanece vigente en la actualidad, debido, sobre todo, a su valor literario y a su facilidad para trasladarnos al ambiente madrileño de 1920.
  
     La obra está basada en la vida del escritor y poeta español Alejandro Sawa, condenado a la más escalofriante pobreza, contada a través de la peregrinación nocturna que realizan Max Estrella y su “compañero de aventuras”, don Latino de Hispalis, por los lugares más variopintos del Madrid de la época, con el reflejo de la angustia que se cierne sobre España. Son las últimas horas de este poeta ciego, Max  Estrella, en una noche madrileña, recorriendo los ambientes de bohemia, para terminar muriendo solo, al amanecer, en el quicio de  la puerta de su casa. Tiene añadido un epílogo, el entierro de Max, con el encuentro en el cementerio de modernistas, Rubén Darío, y noventayochistas, Valle Inclán.

   Luces de bohemia es el primero de los esperpentos de Valle Inclán, y la definición de este tipo de teatro aparece formulada en una escena de esta obra: “la deformación grotesca de la realidad”. El esperpento es la estética idónea para esta obra , permitiendo al autor caricaturizar a la España inmersa en la crisis de la Restauración y a los personajes que la integran.
   
Por la obra desfilan desde las altas clases sociales, incluido el monarca, hasta los más humildes; sometidos todos a la igualatoria crítica valleinclanesca, de la que no se escapan la situación política, los diversos ambientes literarios (en la tienda de Zaratustra, en las tabernas, en la charla con don Filiberto, que refleja el poder del periodismo,) la corrupción de la sociedad, tanto en el terreno administrativo (el sueldo que el ministro prometió dar a Max inventando algún cargo que ocuparía), como en el judicial (durante la estancia en prisión conoce a una víctima de la “ley de fugas”), y  la prostitución (la Lunares y la vieja pintada).
  
  Uno de los aspectos más sobresalientes de la obra es la mezcla de lo trágico y lo grotesco: Max no está destinado a matar a su padre y a casarse con su madre, como Edipo, ni a vengar la muerte de su padre, como Hamlet; sino a enfrentarse a un destino a la vez terrible y grotesco: ha recibido una carta de despido del  editor  del periódico, dejándole en la calle, sin los veinte duros necesarios para pagar el alquiler del tugurio, que comparte con su mujer Madama Collet y con su hija Claudinita, el carbón para no morir de frío o algo que comer de cuando en cuando.

   Como Max carece de la dignidad del héroe trágico, su rabia ante este atropello es callada con unas cuantas pesetas de los fondos del ministerio, que su amigo Paco, antiguo compañero de farándula modernista y actual ministro de Gobernación, le proporciona.
   La época en que transcurre la obra no está para heroísmos. El trasfondo histórico de Luces de Bohemia corresponde a los violentos años de la segunda década del siglo XX. Los disturbios políticos de 1917 y 1919 están recogidos con exactitud, la ley de fugas de Martínez Anido se cumple con el anarquista catalán, uno de los escasos personajes de la obra a los que Valle concede categoría humana y no transforma en fantoche.

  La peregrinación del personaje culmina cuando llega su muerte en la lamentable oscuridad del quicio de su casa. La tristeza, el desaliento, las ansias de libertad, de triunfo, la esperanza; todo desaparece en ese instante, instante en el que el drama se convierte en tragedia. Ya no existe posibilidad de luchar por un futuro; el triste destino de una España que ha quedado ciega. Ya está todo escrito.



La casa de Bernarda Alba

    La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca cierra la trilogía, junto con Bodas de sangre y Yerma, relativa a las mujeres "en los pueblos de España"; donde se tratan y  denuncian diversos problemas que éstas sufren en la España rural de principios del siglo XX.

   En esta obra la crítica se centra en la situación opresiva en la que vivían las mujeres, motivada por la mentalidad tradicional y cerrada del ambiente rural. Esta moral conservadora se ve reflejada por la obsesión por la virginidad de la mujer y su matrimonio, en el fanatismo religioso, el clasismo y en las falsas apariencias por el miedo al "qué dirán".

   Así, se produce un conflicto constante entre el autoritarismo de Bernarda hacia sus hijas y criadas, y el deseo de libertad de éstas, todo ello en un ambiente de odio y envidia.

  Como rasgo característico del realismo poético de Lorca, aparecen en toda la obra numerosos símbolos: la sed como referencia al deseo sexual de las mujeres, el color verde con el que se viste Adela como muestra de rebeldía, el cordero de Mª Josefa simbolizando las ansias de maternidad, o el color negro y la luna presagiando la muerte. Además se puede destacar el símbolo del bastón de Bernarda como símbolo de poder; y el propio significado que tienen los nombres de las protagonistas, que ayudan a reconocer su personalidad.

   Los personajes secundarios adquieren notoria relevancia: Pepe el Romano, que no tiene presencia escénica, es el centro de la historia y en torno a él surgen los conflictos entre las hermanas: Mª Josefa, que en sus breves intervenciones expresa verdaderamente los deseos de sus nietas.

  Para concluir, y respecto a la vigencia de la obra, decir que las costumbres y tradiciones de los pueblos se han suavizado, el luto no es tan riguroso y la mujer no es juzgada por motivos como la virginidad o el matrimonio, lo que ha supuesto un gran avance. Sin embargo en los ambientes rurales sigue vigente ese afan de apariencia e hipocresía que tan bien refleja Lorca en esta obra.






Tristana

   Tristana es una obra escrita en la última etapa narrativa de Benito Pérez Galdós, máximo representante, junto a Clarín, del realismo crítico.

   Esta novela es una crónica de la vida de la mujer en la España de finales del siglo XIX. La mutilación de las ansias de libertad de las mujeres es tratada por Galdós a través de la joven Tristana, que ve como sus inquietudes personales se ven truncadas porque la sociedad se impone ante sus expectativas de futuro: la influencia del naturalismo en el desenlace determinista de Tristana está condicionado por sus orígenes.

    A lo largo de la obra aparecen fragmentos en forma epistolar, técnica con la que Galdós rompe la estricta narración lineal del realismo. En ellos desaparece el narrador omnisciente para dar paso a una narración en 1ª persona, lo que supone una novedad estilística, pero que hace que se ralentice el relato.  

   Técnicamente hay que destacar la detallada caracterización psicológica de los personajes, sobre todo de la protagonista, que va evolucionando: pasa de una actitud inocente y sumisa, a una actitud idealista con ansias de libertad, para volver hacia una resignación conformista. Esta mutación psicológica de Tristana se manifiesta físicamente con la amputación de su pierna (es la amputación del idealismo y la rebeldía); así terminará viviendo como una mujer de su época, en un matrimonio sin amor, dedicada a su marido y a las labores de la casa, y teniendo a la iglesia como desahogo de su frustración.

    Aunque Galdós era crítico con esta situación, la obra no concluye con un final esperanzador, en el que la mujer consiga sus propósitos. Nota que refuerza el realismo de la obra, ya que pocas mujeres conseguían vencer la presión social y cambiar su predestinado futuro.

    En la actualidad este tema sigue teniendo vigencia, ya que son muchas las mujeres que no consiguen ser independientes y están encadenadas a su casa, su marido y sus hijos, sin ninguna posibilidad de realizar sus aspiraciones personales. Además el peso de la sociedad sigue influyendo en nuestras decisiones y coartando nuestros objetivos y sueños.


Misericordia


     Misericordia es una novela de Benito Pérez Galdós, máximo representante del realismo. Está dividida en 40 capítulos y un epílogo y cuenta la historia de Benina, que conduce al lector a las calles del Madrid de fin del siglo XIX. 

    Benina es la criada de la familia de doña Paca, que fueron ricos, pero, por su mala administración, han caído en la pobreza aunque se esfuerzan en aparentar. Benina logra que las todos sobrevivan gracias a su mendicidad, aunque hace creer a su señora que trabaja de cocinera para un sacerdote.  Benina también ayuda a Obdulia (una hija de doña Paca, cuyo marido se emborracha) y a Frasquito (que se arruinó y pasa hambre). Cuando las cosas llegan a ir bien para estos, Benina es detenida con su amigo mendigo el árabe y ciego Almudena .

      La reacción de los que fueron ayudados no es ayudarla, sino avergonzarse de ella.

      Un capítulo va llevando a otro, pero no son unidades de acción. Por eso, hay que hablar de una estructura interna de la novela dividida en cuatro partes: En la primera (capítulos I-III), se recrea el mundo de los mendigos madrileños; en la  segunda (capítulos IV-XX), Galdós describe a los personajes centrales y deja entrever cómo son a través de sus diálogos y acciones para terminar Benina haciendose cargo de ellos en el capítulo XX. La tercera parte (capítulos XXI-XXIX) expone la miseria de estas personas y cómo Benina se desdobla para conseguir ayudar a todos. Los capítulos XXX y XXXI cierran esta tercera parte, en laque Benina es detenida por mendigar. La cuarta parte (capítulos XXXII-XXXIX) trata de la prosperidad de los personajes a los que Benina ha ayudado. Se cierra la novela con el triunfo moral de Benina. 
    
       La novela recrea así, no sólo de la miseria y la pobreza externa, sino la interior, mucho mayor que la externa. Se trata de una novela realista-espiritualista contemporánea del siglo XIX en la que está presente la mendicidad, uno de los problemas más importantes de la época ya que la mendicidad se agravó con la revolución burguesa. Galdós hace una crónica de los bajos fondos madrileños, pero a través del personaje de Benina, introduce el “cómo deberían ser las cosas”.
  
     La narración se desarrolla en tercera  persona y el narrador es omnisciente. En ocasiones se emplea el estilo indirecto libre que confunde las palabras del narrador con las de sus personajes y permite ver los hechos a través de los ojos de un personaje.  Emplea también la técnica del monólogo interior para recrear los pensamientos de un personaje. Otro rasgo característico de la novela realista que usa Galdós es el decoro del lenguaje: los distintos mundos madrileños se retratan en distintos lenguajes.

     Galdós sitúa la historia en el ámbito de la clase media empobrecida, las zonas marginales de pobreza (como la iglesia de San Sebastián que limita al norte con barrios burgueses y al sur con los arrabales pobres). Además, destaca la maestría de Galdós para describir ambientes, escenarios, costumbres,… se fija en los detalles para crear atmósferas. El humor, la ironía, las caricaturas (símiles con animales, cosificaciones,…) son recursos abundantes.  Además, Galdós hace un vigoroso retrato psicológico de los personajes: rasgos físicos y morales, modo de vestir, gestos y manera de hablar.

     Muy interesante esta crítica a la hipocresía moral de una clase social que no mira a los de abajo. El personaje de  Benina es de una humanidad casi increíble. Su nombre indica su mayor cualidad. Encandila al lector y hace comprender que la riqueza auténtica está en el interior de las personas. No sólo habla el libro de diferencias sociales, sino también de racismo. El amigo de Benina es el moro Almudena, rechazado, además de por mendigar, por sus orígenes. 

Nada

   Con esta obra, Carmen Laforet, obtuvo el Premio Nadal en 1954.
   Hay que resaltar el mérito de este hecho, ya que recibe el galardón siendo muy joven, con una novela protagonizada por una  joven que va a la universidad, situación inusual durante esos años del franquismo. Esta obra junto a La familia de Pascual Duarte (en su vertiente tremendista) de Camilo José Cela, y La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, representan lo mejor del existencialismo en la narrativa de la narrativa de los años 40.

    El tema  de esta novela es "la soledad" en la sociedad de la posguerra. Se presenta a una población dividida y un malestar social y personal tras una guerra que, aunque en ningún momento de la obra se menciona, ha enfrentado al país y ha dejado una situación de angustia y desesperación. En la obra se rompe la propaganda de esa España triunfal, donde todos son felices, se sienten seguros y todo ha vuelto a su cauce. Estos aspectos ya quedan reflejados en el contundente título de la novela, que evidencia que no hay "nada" de ilusión, "nada" de esperanza, simbolismo que pasó desapercibido a la censura.

   Laforet describe con un estilo directo y sencillo cada rincón de la Barcelona de la época y las características psicológicas de los personajes. Estas descripciones son desde el punto de vista objetivo de la protagonista, Andrea, que comenta cuanto la rodea; siendo el hambre un elemento esencial en la obra, hecho que está siempre presente en ese primer año de sus estudios universitarios, y que la irá atormentando cada día.

    A lo largo de la novela, la protagonista se desenvuelve en dos mundos totalmente diferentes: por un lado, el de la casa familiar dela calle Aribau, donde reina un ambiente opresivo, de desesperación y locura (que evidencia el desequilibrio de los protagonistas), y por otro, el mundo exterior, la Universidad y su grupo de amigos, donde se aprecian las grandes diferencias sociales.

    Para concluir, decir que este tema es un tema muy actual, y aunque la la situación de represión y hambruna ya terminaron, es un tema que ha dado inspiración a numerosas novelas, películas y obras teatrales, que rememoran ese negro episodio de la historia de España.

 
 

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