“Yo voy de luto porque se han muerto las frases subordinadas”

José Carlos Plaza

Poetas y versos


Clementina Suárez
(Honduras 1902 - 1991)



Combate 

Yo soy un poeta,
un ejército de poetas.
Y hoy quiero escribir un poema,
un poema silbatos
un poema fusiles.
Para pegarlos en las puertas,
en las celdas de las prisiones
en los muros de las escuelas.

Hoy quiero construir y destruir,
levantar en andamios la esperanza.
Despertar al niño,
arcángel de las espadas,
ser relámpago, trueno,
con estatura de héroe
para talar, arrasar,
las podridas raíces de mi pueblo.

                                                                                              Clementina Suárez.
Poeta de las letras hondureñas, asesinada brutalmente es su casa-galería en septiembre de 1991.


                                      
             Caligramas:




Ángel González:


¿Cómo seré...

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.




Juan Ramón Jiménez


                     Con su esposa, Zenobia Camprubí Aymar, tras su boda ...


Zenobia era mujer de singular belleza,

culta,  sensible  y  liberal ...

compañera y colaboradora en  la elaboración

de las distintas revistas y ediciones de J.R.J.

 


   Juan Ramón tenía unas grafías originales:



MIS IDEAS ORTOGRÁFICAS

                Se me pide que escriba algo en Universidad sobre mis ideas ortográficas; o, mejor dicho, se me pide que esplique por qué escribo yo con jota las palabras en ge, gi; por qué suprimo las b, las p, etc., en palabras como oscuro, setiembre, etc.; porqué uso s en vez de x en palabras como escelentísimo, etc.

                Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil.  Luego, porque creo que se debe escribir como se habla y no hablar, en ningún caso, como se escribe.  Después, por antipatía a lo pedante.  ¿Qué necesidad hay de poner una diéresis en la u para escribir vergüenza?  Nadie dice excelentísimo ni séptima, ni transatlántico, ni obstáculo, etc.  Antiguamente la esclamación “Oh” se escribía sin “h”, como yo la escribo hoy, y hombre también.  ¿Y para qué necesita hombre una h; ni otra , hembra? ¿Le añade algo esa h a la mujer o al hombre?  Además, en Andalucía la jota se refuerza mucho y yo soy andaluz.

                Pero, aparte de estas sensateces, cuando yo era niño, en los fines del siglo XIX, un grupo de escritores distinguidos promovieron esta costumbre de simplificación ortográfica.  El diccionario  que yo usé siempre y sigo usando es el Diccionario Enciclopédico de la Lengua Española,  con todas las voces, frases, refranes y locuciones usadas en España y las Américas españolas, en el lenguaje común antiguo y moderno; las de ciencias, artes y oficios; las notables de historia, biografía y todas las particulares de las provincias españolas y americanas, por una sociedad de personas especiales en las letras, las ciencias y las artes, los señores don Augusto Ulloa, Félix Guerrero Vidal,  Fernando Fragoso, Francisco Madinabeitia, Isidoro Fernández Monje, José Plácido Sansón,  José Torres Mena, Juan Creus, Juan Diego Pérez, Luis de Arévalo, Ventura Ruiz Aguilera, y revisado por don Domingo Fontán, ex director del Observatorio Astronómico de Madrid, catedrático de Matemáticas sublimes y autor de la carta de Galicia; don Facundo Goñi, catedrático de Filosofía y Derecho Internacional del Ateneo científico y literario de Madrid; don Joaquín Avendaño, inspector jeneral de las escuelas del Reino; don José Amador de los Ríos, individuo de la Academia de la Historia y catedrático de Literatura de la Universidad de Madrid; don Rafael Martínez, doctor en Medicina y rejente en Botánica; don Tomás García Luna, catedrático del Ateneo.  Y ordenado por don Nemesio Fernández Cuesta.   En él están escritas, como yo las escribo, todas las palabras que yo escribo como en él están escritas.  Este diccionario era de uno de mis abuelos y en él encuentro siempre todo lo que no encuentro en ningún otro diccionario enciclopédico.  Siempre ha viajado conmigo y lo uso como libro de cabecera.  Yo leí a Fígaro por primera vez en una preciosa edición que aún poseo, impresa en París con esta misma ortografía que yo uso.  Un tío mío, hombre de gran cultura y viajero incansable, y quien me legó una parte de su hermosa biblioteca, escribía así y me pidió  que yo lo hiciera; y, como me gustaba, lo hice.  De modo que, como me acostumbré a escribir así desde niño, me pareció absurdo escribir de otra manera.  Mi jota es más hijiénica que la blanducha g, y yo me llamo Juan Jiménez, y Jiménez viene de Eximenes, en donde la x se ha transformado en jota para mayor abundamiento.  En fin, escribo así porque yo soy muy testarudo, porque me divierte ir contra la Academia y para que los críticos se molesten conmigo.  Espero, pues, que mis inquisidores habrán quedado convencidos, después de leerme, con mi esplicación y, además, de que para mí el capricho es lo más importante de nuestra vida.  Emerson había escrito fancy en la puerta de su cuarto de trabajo.


                                                                           Juan Ramón Jiménez.    “Estética y ética estética”    



 



 También  tenía una caligrafía especial: como ejemplo os dejo esta carta manuscrita (Zenobia era la encargada de pasar a mecanografía sus escritos). 


 Si te sientes capaz de descifrar las grafías, puedes hacer la labor de Zenobia y ponerla en letra de imprenta...                             




Y una curiosidad es el telegrama que le envía la Academia anunciándole la concesión del Premio Nobel: