“Yo voy de luto porque se han muerto las frases subordinadas”

José Carlos Plaza

Parábolas



2.- Parábola del caminante.

  Un hombre, su caballo y su perro iban caminando cuando  se desencadenó una tormenta. Se refugiaron debajo de un árbol y un enorme rayo partió una gran rama del árbol y les cayó encima  dejándoles inconscientes. 

   Se levantaron y tras un largo camino, colina arriba, bajo un sol intenso se encontraron fatigados y sedientos.

   Tras una curva del camino encontraron un muro con una bonita puerta de mármol entreabierta. Miraron y vieron dentro una fuente que arrojaba agua cristalina.

  El caminante traspasó la puerta y un hombre le salió al paso:

- ¡Buenos días! –dijo el caminante.
- ¡Buenos días!
- ¡Cómo se llama este lugar?
- A este lugar lo llaman Cielo.
- Nosotros estamos sedientos. Nos alegra haber llegado hasta aquí.

El guardián señaló la fuente y le dijo que podría beber tantas agua como quisiera.

- Pero mi perro y mi caballo también tienen sed.
- Lo siento, pero aquí no permitimos la entada de animales.

El hombre se volvió, traspasó la puerta y disgustado y sediento siguió su camino. Cuando ya estaban exhaustos, llegaron a otra tapia que tenía un puerta vieja, cerrada. Empujó y abriendo vio a un hombre sentado a la sombra de un árbol.

- ¡Buenos días!  -dijo el caminante.
- ¡Buenos días!  -contestó el hombre.
- Mi caballo, mi perro y yo tenemos sed.
- Hay una fuente tras esas rocas.

El caballo, el perro y el hombre fueron a la fuente y saciaron su sed. El caminante volvió para dar las gracias al hombre que seguía sentado bajo el árbol y le preguntó cómo se llamaba ese sitio.

- Este lugar se llama Cielo.  -respondió el hombre.
- ¿Cielo?
- Sí.
- Más abajo, hay otro lugar protegido por un muro y con una puerta de mármol  que también se llama así.
- No, eso es el infierno. –respondió el hombre.
- Pero… no debéis dejar que se llame así, puede provocar confusión…
- No, al contrario, nos hacen un favor. Pues allí se quedan quienes son capaces de abandonar a sus amigos.

                                                                                                          Guilermo Ruíz (4º ESO)


1.- Aplica esta parábola a una situación concreta de tu vida.
2.- Comenta el simbolismo del "perro" y del "caballo".





1.- Parábola del constructor.

Un constructor quería levantar una casa y puso carteles por su ciudad: “Busco albañiles que quieran trabajar en mi empresa”. Acudieron muchos, hizo un proceso de selección para elegir a los que estuvieran capacitados para ese trabajo, y a todos reunidos les explicó el contrato que les hacía:

Cada uno de vosotros hará una pared de la casa que quiero construir, y cuando la termine yo le pagaré 100 euros; antes os enseñaré la manera de hacerla, pero vosotros, que sois albañiles, debéis traer las herramientas que necesitáis para vuestro trabajo”.

                  ¿Tienen alguna pregunta?

¿Si hago bien el trabajo, me pagará más? – preguntó el primero.

No. El sueldo es de 100 euros por hacer el trabajo bien y completo. Si hace mal su trabajo le pagaré menos, así como si no lo hace no recibirá nada.

¿Y si no sé hacer ese trabajo? – contestó un segundo.

Antes yo he enseñado cómo hacerlo. Si no ha aprendido, no puede trabajar más en mi empresa. Lo que enseño es fácil y todo el que presta atención puede aprenderlo; no olviden que antes ya han sido seleccionados para este trabajo. Pero todas las paredes han de estar bien construidas, pues si una pared tiene defecto, toda la casa se puede caer.

Pero yo no quiero trabajar en esa pared. –alegó un tercero.

Pues entonces se tiene que ir de la obra, pues estorba a otros en su trabajo y no podrán así terminar su tarea.

¿Si alguna vez se nos olvidan las herramientas? - Dijo un cuarto.

Sin herramientas no se puede trabajar, y sin trabajo no hay jornal, y no se puede permanecer en la obra, pues se molesta a los que están trabajando.

¿Y cuándo descansamos? – alegó un quinto.

Cada uno descansará cuando el trabajo que tiene que hacer se haya terminado. Quien antes termina más tiempo tiene de descanso. Pero solo cobrará los 100 euros quien lo haya terminado bien.

1.- Desarrolla el significado de esta parábola. Comienza tu relato así: “Un profesor llega a una clase…”
2.- Explica el significado real de las palabras que aparecen subrayadas.
3.- ¿Con cual de los obreros te identificas?.



3.- parábola de los piojos:



“¿Has oído aquella historia sobre un piojo de ciudad y un piojo de campo que reencuentran en la carretera? El piojo de ciudad pregunta: “¿Entonces, hermano de campo, hacia dónde te diriges?”. El piojo de campo le dice: “A la ciudad ¿y tú?”. “Voy a buscar algo para comer”. “Olvídalo. Yo voy a la ciudad a buscar comida”. Cuando el piojo de ciudad le preguntó por qué, le dice: “En el campo lavan la ropa tres veces al día y si no encuentran nada, la golpean con un palo y lo que sale se lo meten en la boca. Si no nos golpean hasta la muerte acaban por comernos. He podido escapar vivo por los pelos”. El piojo de campo relató entre lágrimas su desdichada historia. El piojo de ciudad lanzó un suspiro y dijo: “Estaba convencido de que las cosas irían mejor en el campo que en la ciudad. Nunca pensé que las cosas estuvieran tan mal. En la ciudad todo el mundo viste de seda y satén, una capa tras otra. Lavan la ropa tres veces al día y se cambian cinco veces. Nunca veo ni un trocito de carne. Si no nos mata el acero, lo hará el agua. He escapado con vida por los pelos”. Los dos piojos lloraron el uno sobre el hombro del otro durante unos instantes y, cuando se dieron cuenta de que no tenían dónde ir, saltaron a un pozo y se ahogaron.

Jinju se moría de risa.

 Papá, te lo acabas de inventar.

Con el sonido de la risa de su hija en sus oídos, Cuarta Tía se sorbió la nariz y engulló un piojo, apesadumbrada por los recuerdos de los días felices.

                                                                                  MO YAN, Premio Nobel de Literatura, 2012.

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